¿Por qué está tan caro el oro?
El precio de la onza de oro no para de escalar. Como ya sabrá el oro, junto con el franco suizo, siempre han sido activos de refugio antes situaciones de incertidumbre: caos geopolítico, guerras, crisis financieras con efectos dominó, etc. Nada de eso parece que esté ocurriendo en la actualidad. La situación de Irak se puede considerar de caos geopolítico pero hemos comprobado como los mercados financieros han aprendido a convivir con la situación. No hay nuevas guerras, o por lo menos no de importancia internacional (siempre nos olvidamos de los lamentables conflictos étnicos y tribales del África Subsahariana pero sabemos que sus consecuencias internacionales tienen poco o escaso impacto en los mercados). De momento tampoco hay ninguna crisis financiera.
El precio del oro está a 450 $/onza, el valor más alto desde 16 años, a finales de la década de los noventa el precio de la onza se situaba alrededor de 250 $. El incremento puede ser calificado de más que notable. El incremento en el precio del oro hay que buscarlo en la caída sin paracaídas del dólar, especialmente frente al euro y, con menos intensidad, frente al yen.
Hasta hace unos años el dólar era considerada la moneda reserva por excelencia para todos los bancos centrales nacionales del mundo. La mayoría de esto bancos mantenían más reservas en la divisa estadounidense que en el metal precioso. Pero la depreciación del dólar en términos absolutos y en términos relativos respecto a otras monedas ha obligado a la mayoría de bancos centrales ha cambiar su posición y abandonar el dólar como reserva, o por lo menos reducir su cuantía, y adquirir monedas refugio como el franco suizo o activos como el oro. Con las últimas declaraciones del secretario de Estado del Tesoro de los EEUU, Mr. John Snow, y las siempre indescifrables palabras de Alan Greenspan respecto a la evolución del dólar y su nula intervención en el mercado de divisas han conseguido mandar el dólar en picado hacia abajo.
La caída sin paracaídas del dólar frente al euro y frente al yen ha acelerado la venta por parte de los bancos centrales de parte de sus reservas en dólares y la adquisición de francos suizos y sobre todo de oro, de ahí que el precio del oro esté en máximo no vistos desde 1988.
Lo peor es que si los bancos centrales hacen tanto acopio de oro y llevan hacen escalar su precio hasta las nubes el precio del dólar en términos de otras monedas se irá depreciando aún más, es una espiral viciosa en la que se ha entrado, porque precisamente el oro se negocia en los mercados en términos de dólares. Pero peor aún son las expectativas que la mayoría de los bancos centrales tienen sobre la evolución futura del dólar, lo que equivale a decir, que los bancos centrales desconfían que los estadounidenses puedan salir del histórico déficit fiscal y comercial en el que están hundidos. Me dirán que la estadounidense funciona a buen ritmo y que prueba de ello se subirán los tipos de interés en diciembre en 25 puntos básicos y otros 25 puntos básicos en el primer trimestre del 2005, y les doy la razón, la economía real estadounidense está muy fuerte, pero la economía financiera del Imperio muestra graves deficiencias estructurales, y la política fiscal expansiva (en términos keynesianos) de Bush Jr. no hará sino empeorar la situación.
¿Qué impedirá que el precio del oro se desplome de pronto? Antes del acopio incesante que los bancos centrales están haciendo de oro, éstos mantenían aproximadamente un 25 % de todo el oro que hay en circulación del mundo. Si todos los bancos centrales decidieran vender sus reservas de oro naturalmente inundarían el mercado del metal precioso de un exceso de oferta lo que llevaría a al precio del oro a caer inevitablemente, pero ese escenario no puede ocurrir porque en los acuerdos establecidos en el Banco Internacional de Pagos con sede en Basilea (Suiza) a los bancos centrales les está prohibido deshacerse de más de un determinado porcentaje anual de sus reservas de oro, el objetivo, que el metal refugio por excelencia siga siéndolo unos años más.
Pablo Peyrolón